LA CONDUCTA COMO FORMA DE COMUNICACIÓN
- MindQuest

- hace 2 días
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Desde muy pequeños, los niños experimentan muchas emociones. Sin embargo, a una edad tan temprana es muy difícil para ellos comprender lo que están sintiendo. Durante los primeros años de vida comienzan a tener muchas experiencias afectivas, incluso antes de que logren adquirir la capacidad para pensarlas o ponerlas en palabras.
Es por esto que lo que ocurre en el mundo interno del niño muchas veces encuentra otras vías y maneras de expresarse. Al no lograr aún entenderlo ni ponerlo en palabras, suele manifestarse entonces en la conducta o en el cuerpo, a través de distintos síntomas.
Algunas de las maneras en que los niños pueden expresar su ansiedad son a través de berrinches, agresividad, retraimiento, dificultades en el ambito social, dificultades en el aprendizaje, cambios en el apetito, miedos, enuresis, encopresis, falta de sueño, pesadillas o enfermedades frecuentes, entre otras.
En muchas ocasiones, al presenciar el llanto, la desobediencia o la inquietud, incluso para los
adultos puede ser complicado comprender lo que está ocurriendo más allá de lo que se esta
manifestando externamente. Estas situaciones pueden resultar confusas y frustrantes, y esto puede llevar a interpretar estos comportamientos simplemente como mala conducta. Sin embargo, muchas de estas conductas expresan emociones muy intensas, confusas o abrumadoras que el niño aún no ha aprendido a tramitar.
En estos momentos, para el niño, la conducta es una forma de comunicarse. Por esta razón, el papel y la respuesta de los adultos resultan de suma importancia para lograr ayudarle a dar forma y sentido a lo que está sintiendo. Cuando un adulto puede acompañarlo a reconocer la emoción y ayudar a ponerla en palabras, el niño comienza poco a poco a entender su propia experiencia emocional.
También en el espacio terapéutico el juego cumple una función importante en este proceso. A través de este, los niños pueden representar de manera simbólica sus fantasías, preocupaciones y deseos. De esta forma, experiencias que antes aparecían únicamente en la conducta comienzan a encontrar otras formas de expresión.
Aprender a reconocer y elaborar lo que se siente es un proceso que se construye poco a poco en la relación con los otros. A lo largo de estas experiencias, el niño no solo va internalizando sus emociones, sino también las maneras de comprenderlas, elaborarlas y expresarlas. En este proceso y la forma en la que acompañamos a nuestros niños en el mismo influye en la relación que irán construyendo con sus propias experiencias afectivas.



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