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¿Por qué hay niños que disparan?


Lamentablemente, se ha vuelto común enterarse de tiroteos escolares llevados a cabo en Estados Unidos. En México también han ocurrido, tanto amenazas por parte de los estudiantes como el acto de masacre. Existe una diferencia entre ambos: un menor que amenaza con disparar en su escuela puede estar hablando desde una fantasía que le es imposible contener, el querer liberar algo o dar un mensaje, que sin duda no debe pasarse por alto; el menor que lleva a cabo un tiroteo escolar, casi siempre culminando con el acto de quitarse la vida, apunta hacia la psicopatía.

Cuando nos tomamos el tiempo de leer las historias de vida de estos niños y adolescentes nos damos cuenta de muchas cosas, como que se encontraban aislados socialmente, habían problemas en casa, fueron víctimas de abuso, o tenían historial de trauma. Sin duda en los tiempos recientes, donde somos más conscientes de la importancia del bienestar integral de los menores y la población general, nos hemos dado cuenta que muchos niños enfrentan problemáticas relacionadas al trauma, sin embargo, no todos disparan en las escuelas. El problema con los tiroteos escolares parece estar más relacionado a la psicopatía, que es la versión más extrema del trastorno de personalidad antisocial. Nos queda preguntarnos, ¿Por qué algunos niños se convierten en psicópatas?

Existen factores del desarrollo que se encuentran relacionados con la psicopatía, algunos de ellos son:

  1. La edad en la que ocurre el trauma. No es lo mismo que los sucesos traumáticos le ocurran a un niño de 10 años que ha podido desarrollar maneras para lidiar con o amortiguar el impacto de las situaciones adversas que se le presentan.

  2. Una relación problemática con los padres. Especialmente, las relaciones madre-hijo en la que los intentos del hijo por vivir una vida propia, con gustos, sentimientos e intereses fuera de su relación con su madre, eran castigados.

  3. La intensidad del trauma y del impacto que ocasiona en el niño.

  4. Episodios repetidos de abuso, iniciados en la edad temprana, por parte de una persona importante para el niño.

  5. Daño cerebral, que crea una “hipofrontalidad”, o sea, afectación a la corteza prefrontal (encargada de la regulación de impulsos), y afectación en la ínsula (encargada de permitir la experiencia y la identificación del asco).

No existen niños perfectos, ni padres perfectos. Ser padre o madre es un trabajo complicado que se vuelve más sencillo si se cuenta con el apoyo de otras personas. Por este motivo, asegurar el bienestar de los niños es responsabilidad de todos. Si te sientes sobrepasada o sobrepasado en el cuidado de tus hijos pide ayuda, ¡Siempre habremos personas dispuestas a apoyarte!


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